El sofá es la parte fundamental de cualquier salón y su elección debe combinar los tres factores fundamentales como mínimo… estética, comodidad y resistencia, además de adaptarse a nuestro presupuesto y que no nos cause ningún perjuicio en ningún sentido como podrían ser físicos (alergias, dolores por malas posiciones, incomodidades, etc.)

Distribución, medidas y estilo.
Lo primero que tenemos que ver es dónde vamos a colocar el sofá, así decidiremos las medidas de éste y su forma. La altura también es un factor muy importante, ya que hay personas que por su altura necesitan un sofá de más centímetros que otras, así como que su estilo vaya en armonía con el resto de la habitación.
Para habitaciones pequeñas son mejores los sofás en L con cheslón y las rinconeras ya que se adaptan mejor.

Estructura interna.
Es la base del sofá, con lo que todo lo demás serviría de poco si esta se nos rompe. Debemos tener en cuenta que debe soportar mucho peso durante muchas horas, además del uso “especial” que suelen dar lo niños, por lo que debemos asegurarnos de que sea de madera sólida o metálica, huyendo de aglomerados, tableros de partículas, tablex y demás, ya que a la larga suelen dar problemas de deformaciones, ruidos o falta de consistencia, creando incomodidades innecesarias en nuestro hogar.

Tipo de relleno.
Al igual que los colchones, no es recomendable que un sofá tenga un relleno demasiado blando o demasiado duro, porque afectará de forma negativa a tu columna vertebral aunque no se note al principio. Como norma general nos debemos asegurar que sean densidades altas, fibras huecas de calidad o plumas naturales.
Ajustar bien las densidades y estructura interna del sofá hace que no solo disfrutemos de nuestro sofá, sino que nos aseguramos de que no está perjudicando nuestra espalda.

Tapicería.
Existen un sin fin de telas, pieles, polipieles, algodones, chenillas, etc.
En todos los casos debemos informarnos sobre sus composiciones y tratamientos, así como su resistencia a la abrasión, deformaciones, rasgados, tinturas, protecciones alérgicas, etc.
Como consejo general, elegiremos una tapicería que nos resulte agradable al tacto y una fácil limpieza, ya que podemos estar sufriendo durante varios años una mala elección al no habernos asegurado bien.

Color.
Siempre se dice que sobre gustos no hay nada escrito, y hasta cierto punto es así, pero cuando acertamos con el color de nuestro sofá, agradecemos el llegar a casa. Por eso, el poder disponer de una gran variedad de colores y tejidos en el lugar donde compremos nuestro sofá, sin duda nos ayudará a escoger el más adecuado.

Garantía.
Antes de comprarlo, infórmate de la garantía que tiene tu sofá. En cada tienda la diferencia puede ser abismal, ya que puede vencer en seis meses o durar hasta toda la vida para algunas partes del sofá.
Una garantía de 10 años como norma general, nos da la tranquilidad y seguridad necesarias en la compra que estamos realizando.

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